Exposición: Introducción

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¿Cómo llegaron los restos óseos y los instrumentos líticos a la Galería del Osario?

¿Qué cronología tienen?

¿Cuáles son las características anatómicas, paleobiológicas y genéticas de los huesos neandertales?

¿Qué relación hay entre dichos huesos y los instrumentos líticos?

Introduccion

Seis años después de que cuatro espeleólogos gijoneses descubrieran en 1994 dos mandíbulas humanas comenzó una investigación que ha supuesto un antes y un después en nuestro conocimiento sobre Homo neanderthalensis en la Península Ibérica.

De momento, hemos exhumado en El Sidrón (Asturias) más de 2100 restos óseos de esa especie y unos 300 artefactos líticos, lo que conforma una colección singular. Los restos de El Sidrón han llegado hasta nosotros tras quedar atrapados, después de una gran tormenta, en el interior de un peculiar sistema kárstico formado entre dos litologías diferentes: conglomerados y areniscas neógenos. Al lugar concreto donde se localiza el yacimiento lo hemos denominado la Galería del Osario. Después, un cúmulo de circunstancias muy favorables ha permitido la extraordinaria conservación de los restos porque no fueron alterados por la acción de los carnívoros, roedores u otros agentes, ya que nada más depositarse quedaron cubiertos por sedimento; e inmediatamente comenzaron a fosilizarse.

En 1999 formamos un amplio elenco de investigadores especialistas en diferentes disciplinas y técnicas analíticas. Y así, llevamos a cabo el estudio y la interpretación del registro arqueológico y antropológico que ha aparecido en El Sidrón desde la primera campaña llevada a cabo en el año 2000.

A partir de entonces, hemos ido contestando desde diferentes perspectivas las preguntas que nos hicimos al comienzo: ¿cómo llegaron los restos a la Galería del Osario?, ¿qué cronología tienen?, ¿cuáles son las características físicas y la paleobiología de los fósiles humanos?, y ¿qué relación hay entre esos fósiles y los artefactos asociados a ellos?

En este catálogo, y en la propia exposición, desgranamos los resultados hasta ahora obtenidos y avanzamos un escenario científico coherente con el material que ha ido surgiendo.

Con todo, seguimos estudiando y analizando los restos, pues aún queda camino por recorrer, a fin de ofrecer y perfilar más y mejor información. Somos conscientes, eso sí, de que alguna pregunta quedará sin respuesta. Ciertos elementos han desaparecido para siempre en el proceso de fosilización y, además, épocas tan pretéritas encierran enigmas que quizá no conoceremos nunca. ¡Y eso constituye un acicate para la investigación!

Una cueva singular

El complejo kárstico de la Cueva de El Sidrón se desarrolló en el seno de un macizo rocoso de edad paleógena formado por conglomerados calcáreos muy cementados entre los que se intercalan niveles de areniscas y arcillas arenosas menos resistentes. Internamente (endokarst) se estructura en cuatro niveles con una directriz principal E-W, que se generaron según progresaba el encajamiento de la red fluvial regional que gobierna los procesos de espeleogénesis (formación de cavidades) y controla su evolución temporal:

  • Un nivel superior, el más antiguo, cercano a la superficie y desmantelado en parte por la evolución del relieve exokárstico, es decir, del paisaje exterior.
  • Un primer nivel intermedio formado por un complejo sistema de galerías.
  • Un segundo nivel intermedio cuyo eje principal lo constituye la Galería Principal (o Galería del Río) y sus tributarios transversales, como la Galería del Osario.
  • Un nivel inferior activo, en régimen mayoritariamente freático, accesible tan solo en puntos muy concretos de la cavidad

Cada nivel se ve reflejado en el exterior (exokarst) en forma de terrazas y otras formas superficiales del terreno que configuran la Depresión de El Sidrón, un poljé o valle ciego de directriz E-W cuyo arroyo principal se sume por su extremo oriental en el interior del sistema kárstico actual. Esta depresión se desarrolla a lo largo del contacto geológico existente entre los materiales calcáreos cretácicos y la formación de conglomerados paleógenos suprayacentes en los que se ha desarrollado el sistema de galerías subterráneas o endokarst

La morfología y naturaleza más o menos soluble o resistente de los cuerpos de roca que forman el encajante del sistema de El Sidrón, junto con el grado de deformación de las mismas (plegamiento y fracturación) determinan la compleja morfología de conductos y cavidades que caracteriza este auténtico laberinto subterráneo jerarquizado.

La Galería del Osario se dispone transversalmente (N20E) al sistema principal, tratándose de una galería estrecha, de planta tabular, ramificada y estrechada en su parte sur y que alcanza un desarrollo vertical considerable, superando los cinco metros en su zona central. En el techo se reconocen morfologías de disolución, principalmente pequeñas cúpulas elipsoidales y tubos más o menos inclinados; así como entradas obturadas por sedimentos que comunican con galerías (simas o niveles) superiores.

La gran tormenta

El relleno sedimentario acumulado en la Galería del Osario muestra una alta complejidad que hace difícil inferir su génesis y área de procedencia. La unidad con restos óseos y líticos consiste en un depósito en masa (tipo flujo de detritos o debris flow) compuesto por una mezcla caótica de cantos, fango y agua, por lo que la fricción entre clastos, incluidos los frágiles huesos, es mínima, favoreciéndose así un alto grado de conservación de estos últimos durante el transporte y sedimentación.

Este depósito es el producto de un flujo gravitatorio de alta densidad y viscosidad que se generó como un evento rápido (de alta energía) y seguramente catastrófico. Los mecanismos que lo desencadenaron se asocian a un aporte considerable e instantáneo de agua al sistema. El flujo de detritos que introdujo los restos óseos a la Galería del Osario se desencadenó y cesó en forma relativamente abrupta depositando en un solo episodio todo el material transportado desde algún nivel/galería superior (más antiguo).

El estado de conservación de los restos óseos es indicativo de que estos provienen del exterior, aunque debieron estar en un ambiente protegido (ej.: un abrigo o la zona de entrada de una galería o de un conducto) y su permanencia en condiciones superficiales fue corta, dadas las escasas huellas de alteración que presentan las piezas. Este almacenamiento anterior al depósito final de los huesos en la Galería del Osario, al igual que un posible emplazamiento más superficial (un abrigo o entrada a una galería) se sitúa en un contexto totalmente vadoso, y se encuentran alejados y desconectados de la zona hidrodinámicamente activa del sistema kárstico. Actualmente esos niveles o entradas no son accesibles, están desmantelados y/o tapados por depósitos coluviales y suelos sobre los que se desarrolla el bosque actual en las laderas de la Depresión de El Sidrón, aislándose así del contacto directo con el exterior.

Una masa de material suelto situado en esa cavidad / galería superior se introdujo aguas abajo en la cueva en forma de un episodio único de flujo de detritos como consecuencia de una inundación y/o un evento de tormenta. El resultado es la llegada de una masa de cantos, arenas, huesos, piezas líticas y arcillas que quedó acumulada sobre un substrato (roca o sedimentos previos) y/o acuñado en las fisuras subverticales características de la galería.

Un filón de huesos

Los fósiles humanos de El Sidrón constituyen, hoy en día, la colección más completa y abundante de restos neandertales de la Península Ibérica. Su valor científico y documental es enorme.

Hasta la campaña de 2013 se han recuperado más de 2100 restos entre los que destacan cuatro mandíbulas, tres maxilares, multitud de dientes, fragmentos craneales y diferentes huesos del tronco y de las extremidades. No obstante, el índice de fragmentación de los huesos es muy elevado y muchos de los restos se encuentran recubiertos de costras calcáreas, lo que precisa antes de su estudio de trabajos previos de restauración y limpieza.

El estado fragmentario de algunos de los huesos, aunque es un serio problema para los estudios anatómicos, aporta una información importantísima. La razón de esto reside en que parte de la fracturación de los huesos humanos fue producida por los propios neandertales. Hay evidencias muy sólidas en El Sidrón de episodios de canibalismo, cuya práctica incluyó la fragmentación intencional de los huesos.

Un segundo aspecto de interés en la muestra de El Sidrón estriba en el hecho de estar representadas todas las regiones esqueléticas. Así, se conservan restos de las cinturas escapular y pélvica, junco con vértebras y costillas. La extremidad superior está bien representada por varios húmeros, cúbitos (ulnas) y radios bastante completos, y existe a su vez un gran número de falanges de la mano y huesos de la muñeca. Igualmente se han rescatado en el yacimiento fragmentos de los huesos de las piernas, con fémures, tibias y peronés, aunque su estado de conservación parece más fragmentario. La conservación de los huesos del pie, incluidas las minúsculas falanges distales de los dedos, es también buena.

Gracias a la presencia de elementos anatómicos repetidos hemos identificado al menos trece neandertales de ambos sexos: siete individuos adultos, tres adolescentes, dos juveniles y uno infantil. Los análisis genéticos han revelado que Los 13 de El Sidrón formaban parte de un mismo grupo con estrechos lazos familiares.

En definitiva, el yacimiento de El Sidrón ha proporcionado parte del esqueleto de varios individuos neandertales, aunque no se han recuperado en la excavación esqueletos completos

Ellos y nosotros

La anatomía de los neandertales es claramente reconocible y destaca la escasa variación que se detecta entre sus poblaciones, lo que denota una gran homogeneidad genética y posiblemente bajas densidades de población.

Los neandertales tenían un gran cerebro con un volumen de unos 1400-1600 cm3, claramente superior a los 1350 cm3 de Homo sapiens. El cráneo de los neandertales era más alargado y aplanado que el nuestro, con rasgos típicos tales como el perfil redondeado de los parietales y el llamado chiñón del occipital.

Las modificaciones evolutivas más claras del linaje de los neandertales las encontramos en el esqueleto de la cara y la mandíbula. A diferencia de la cara plana y reducida de Homo sapiens, los neandertales desarrollaron un fuerte prognatismo medio facial que consiste en un adelantamiento de la región nasal y zona media de la frente (el entrecejo). En la mandíbula, el espacio retromolar y la posición del foramen mentoniano son los rasgos más diagnósticos.

Los dientes presentan especializaciones también reconocibles aunque quizá no tan llamativas como las observadas en otros sistemas. Curiosamente son las huellas de uso dejadas en los dientes lo que quizá aporte más identidad al sistema dentario de los neandertales. Se han identificado una amplia gama de alteraciones: melladuras del esmalte, surcos interproximales y estrías culturales.

El esqueleto postcraneal, que define el cuerpo de los neandertales, presenta también marcadas diferencias con las poblaciones humanas modernas. Su estatura era relativamente baja, en torno a los 165 cm, con una gran corpulencia, una forma de la caja torácica llamada en tonel y extremidades robustas. Pero lo más destacado es la proporción de los segmentos de las extremidades; los neandertales tienen los segmentos distales del brazo (el antebrazo) y de la pierna proporcionalmente más cortos que Homo sapiens. Esto se evidencia por la relación entre la longitud del húmero respecto de la ulna y/o el radio (índice braquial), y la del fémur respeto a la tibia (índice crural).

En todos estos caracteres comentados, los habitantes de la cueva de El Sidrón eran neandertales clásicos. Hoy sabemos también que existieron pequeñas variaciones locales en el diseño anatómico entre las poblaciones de diferentes regiones geográficas. Por ejemplo, las poblaciones que vivieron en las penínsulas del Sur de Europa, incluidos los de El Sidrón, tenían una cara ligeramente más ancha y menos proyectada hacia adelante.

Todo lo que puede decir un diente

La dentición de los humanos proporciona un valioso caudal de información sobre el crecimiento y la vida de los neandertales. Dos razones explican este hecho. En primer lugar, los dientes crecen mediante la superposición de capas de esmalte y de dentina, algo parecido a los anillos de crecimiento de los árboles. Este crecimiento sigue ritmos bien definidos, ajustados al ciclo diario, de tal manera que contando las capas podemos saber mucho de acontecimientos de la vida que tuvieron lugar cuando el sujeto era un niño y estaba creciendo. El mejor ejemplo de esto son las líneas de hipoplasia. Estas son unas bandas que aparecen en la superficie del diente como resultado de una detención del crecimiento, bien por enfermedad bien por carencia en la alimentación. Su estudio ha permitido saber que las madres neandertales destetaban a los niños en torno a los 3 años de edad. El cambio de dieta desde la leche materna a alimentos sólidos produjo durante la niñez de los neandertales carencias alimenticias que causaron detenciones temporales del crecimiento. Estas quedaron reflejadas en unas marcas de hipoplasia sobre los dientes.

Una tercera mano

El segundo factor radica en que los dientes están en permanente contacto con el medio exterior, bien por la masticación de los alimentos bien por el uso de la boca como una tercera mano. Los neandertales usaban la boca para multitud de actividades distintas de la mera masticación.

Por ejemplo, usaban la boca como si fuera una tercera mano con la que agarraban pieles y otros objetos para su curtido y preparación. En ocasiones, las hedejando sobre su superficie unas características estrías culturales. El estudio de la dirección de estas marcas, con la ayuda del microscopio, ha podido averiguar que los individuos de El Sidrón analizados fueron diestros.

También se ha podido averiguar que reavivaban el filo de las herramientas líticas con los dientes. Esta actividad producía melladuras en los incisivos y caninos, de cuyo estudio hemos podido deducir cierta especialización profesional entre los componentes de los grupos neandertales.

El tipo de alimentación se puede estudiar mediante el análisis de la huellas de desgaste de la superficie dentaria. El principio reside en que cada tipo de alimento deja una forma diferente de desgaste. En paralelo, los depósitos de sarro acumulados en las superficies de los dientes son auténticos yacimientos microscópicos que conservan partículas muy variadas. Hoy sabemos que los individuos de El Sidrón comían vegetales y carnes, vivían en ambientes cargados de humo y usaban plantas medicinales. Y además sabemos que utilizaban finos palillos de madera o mondadientes para limpiar los dientes tras las comidas.

Javier Fortea: "había ilusión, había expectativas porque el material que había salido era muy bueno..." Y sí. Las expectativas se han cumplido, incluso se han superado. Esa misma sensación comparte todo el equipo de investigación de El Sidrón.

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